“El tatuaje” de Saki – Recomendación

En esta oportunidad les traigo a un autor canónico, pero que generalmente suele quedar de lado en nuestras selecciones y es Saki (seudónimo de Hector Hugh Munro).

Este maestro del relato corto ha escrito varios cuentos y algunas novelas y obras de teatro. Con un tono macabro se ha valido del humor para retratar la época victoriana en que vivió.

Tiene varios cuentos muy recomendables, como por ejemplo, “El cuentista” o “Sredni Vashtar”.

Pero hoy hablaremos de “El tatuaje”. Es un cuento asombroso y con múltiples posibles lecturas. Lo simbólico está muy bien trabajado, como es de esperar en Saki.

Comienza con un “relato enmarcado” en donde hablan un tal Clovis con su amigo periodista. Este diálogo ocupa solamente dos líneas, pero es el disparador perfecto para el relato que sigue, anticipándolo de manera ideal.

Luego continúa con la historia (que ustedes mismos leerán) del tatuaje. Y en este momento, antes de seguir leyendo, les recomiendo que lo hagan y vuelvan, luego, a esta entrada (^_^).

“El tatuaje” de Saki – Texto completoEl tatuaje de Saki - Caida de Icaro

Muy bien, ahora continuemos.

Múltiples interpretaciones pueden hacerse sobre este relato. Aquí les dejo solo algunas que pude extraer y recuerdo en este momento.

La primera interpretación que podemos hacer es la del tatuaje como parte de la identidad de Henry Deplis. (Identidad que pierde al perder el tatuaje). Eso en cuanto a un análisis personal.

Ahora bien, otra línea de análisis, más social (y más a tono con el estilo de este escritor británico) es la del Estado detrás del Arte. Podemos ver, de una manera quizás exagerada y satírica, cómo el Estado manipula a Henry Deplis por portar la obra de arte que le pertenece.

Desde que el arte existe, existe un Estado detrás sin el cual no puede existir. Siempre el arte se vio determinado por el mecenazgo (desde Virgilio hasta Cervantes y Libros.com) y eso es lo que retrata Saki en su relato, además de que el Estado (vale decir, representado por el municipio de Bérgamo) utiliza, también, como le place a las personas, como en el caso de Henry Deplis.

Finalmente nuestro protagonista pierde su identidad porque para el Estado dejó de ser La Caída de Ícaro.

Enzo Ippólito de El corpus de la web.

Hector Hugh Munro

Hector Hugh Munro, conocido por el pseudónimo literario de Saki (18 de diciembre de 1870 – 14 de noviembre de 1916), fue un escritor, novelista y dramaturgo británico. Sus agudos y, en ocasiones, macabros cuentos recrearon irónicamente la sociedad y la cultura victorianas en que vivió. El nombre Saki se ha relacionado a menudo con el del copero que aparece en el Rubáiyát de Omar Khayyam. Pero puede también referirse a un primate sudamericano de larga cola con el mismo nombre, personaje central de su relato “The Remoulding of Groby Lington”, el cual, como el mismo escritor, oculta un trasfondo equívoco bajo una apariencia decente. Este relato es el único de Saki que se abre con una cita: «Se conoce a un hombre por las compañías que frecuenta», y juega con la idea de que el hombre llega a parecerse a sus propias mascotas.

H. H. Munro nació en Akyab, Birmania. Era hijo de Charles Augustus Munro, inspector general de la policía birmana, cuando este país pertenecía aún al Imperio Británico. Su madre, de soltera Mary Frances Mercer, murió en 1872, corneada por una vaca. Este incidente pudo tener influencia en sus relatos. Su niñez se trastocaría al ser después trasladado a Inglaterra con unos parientes puritanos de personalidad severa e intransigente, por lo que la convivencia con ellos marcaría negativamente y para siempre su carácter. Algún indicio de esto se observa en su famoso relato “Sredni Vashtar”. Munro fue educado en el Pencarwick School de Exmouth, y en el Bedford Grammar School. En 1893, siguiendo el ejemplo de su padre, ingresó en la policía birmana. Tres años más tarde, su mala salud le obligó a regresar a Inglaterra. Su primer libro fue una obra histórica sobre el imperio de Rusia. Trabajó como periodista en diversos periódicos de Londres, oficio que le permitió vivir mientras escribía cuentos y novelas.

Sus últimas palabras, de acuerdo con distintas fuentes, fueron: «Put that damned cigarette out!» («¡Apaga ese maldito cigarrillo!»). Frase que se le escuchó decir desde una trinchera durante la Primera Guerra Mundial, dado que Munro se alistó en el ejército al comenzar la misma, a pesar de no tener edad que lo obligara a ello. Fue a Francia como sargento de los Fusileros Reales, y las ya citadas últimas palabras acontecieron en la mañana del 13 de noviembre de 1916, durante la batalla de Beaumont Hamel.

Después de su muerte, su hermana Ethel destruyó la mayor parte de sus papeles, redactando seguidamente su versión particular de la historia familiar. H. H. Munro nunca contrajo matrimonio.

Saki es considerado un maestro del relato corto, a menudo comparado con O. Henry y con Dorothy Parker. Sus personajes están finamente dibujados y sus elegantes tramas han recibido muy buenas críticas. Quizá sea “La ventana abierta” (“The Open Window”) su cuento más famoso; su última frase: «Las fabulaciones improvisadas eran su especialidad», se ha hecho célebre. Saki escribió también tres obras teatrales, las novelas El insoportable Bassington (The Unbearable Bassington, 1912) y Al llegar Guillermo (When William Came, 1914), además de una parodia de Alicia en el país de las maravillas (The Westminster Alice, 1902).

Saki describió incomparablemente a sus contemporáneos de la clase media victoriana, tan estrictos en sus maneras y amantes de absurdas fórmulas y rutinas. Su sentido del humor, cáustico e irónico, era muy apreciado por Jorge Luis Borges, quien lo situaba al lado de Kipling y Thackeray, como uno de los ingleses ilustres nacidos en Oriente. En el prólogo a la edición de los relatos de Saki perteneciente a la colección borgeana La Biblioteca de Babel, escribió sobre él: «Con una suerte de pudor, Saki da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel. Esa delicadeza, esa levedad, esa ausencia de énfasis puede recordar las deliciosas comedias de Wilde».

“El tatuaje” de Saki – Texto completo


-La jerga artística de esa mujer me cansa -dijo Clovis a su amigo periodista-. Le gusta tanto decir que ciertos cuadros “crecen sobre nosotros”, como si fueran una especie de hongos.

-Eso me recuerda -dijo el periodista- la historia de Henri Deplis. ¿Te la conté alguna vez?

Clovis negó con la cabeza.

-Henri Deplis era por nacimiento un nativo del Gran Ducado de Luxemburgo. Por una reflexión más madura, se convirtió en un viajante de comercio. Sus actividades frecuentemente lo llevaban más allá de los límites del Gran Ducado, y paraba en una pequeña ciudad del norte de Italia cuando le llegaron noticias de que había recibido un legado de una parienta distante que había fallecido.

“No era un gran legado, aun desde el modesto punto de vista de Henri Deplis, pero lo impulsó hacia algunas extravagancias aparentemente inofensivas. En particular lo condujo a patrocinar el arte local en tanto representado por las agujas de tatuaje del Signor Andreas Pincini. El Signor Pincini era, tal vez, el más brillante maestro de tatuaje que Italia había conocido jamás, pero estaba decididamente empobrecido, y por la suma de seiscientos francos emprendió alegremente la tarea de cubrir la espalda de su cliente, desde la clavícula hasta la cintura, con una brillante representación de la Caída de Ícaro. El diseño, cuando fue finalmente desarrollado, le produjo una ligera desilusión a Monsieur Deplis, que había imaginado que Ícaro era una fortaleza tomada por Wallenstein en la Guerra de los Treinta Años, pero quedó más que satisfecho con el trabajo ejecutado, que fue aclamado por todos los que tuvieron el privilegio de verlo, como la obra maestra de Pincini.

“Fue su más grande esfuerzo, y el último. Sin siquiera esperar que le pagaran, el ilustre artesano dejó este mundo y fue enterrado en una ornamentada tumba, cuyos querubines alados habrían proporcionado poco campo de aplicación para el ejercicio de su arte favorito. Quedaba, sin embargo, la viuda de Pincini, a quien se le debían los seiscientos francos. Y acto seguido surgió la gran crisis en la vida de Henri Deplis, viajante de comercio. El legado, bajo el peso de numerosos pequeños reclamos, había menguado hasta una proporción insignificante, y cuando una apremiante factura de vinos y diversas otras cuentas corrientes habían sido pagadas, quedaba poco más de cuatrocientos treinta francos para ofrecerle a la viuda. La dama estaba justamente indignada; no tanto, como explicó volublemente, debido a la sugerencia de suprimir ciento setenta francos, sino también por el intento de disminuir el valor de la reconocida obra maestra de su difunto esposo. En una semana, Deplis se vio obligado a reducir su oferta a cuatrocientos cinco francos, lo que atizó la indignación de la viuda, que se transformó en furia. Canceló la venta de la obra de arte, y algunos días después Deplis se enteró consternado de que la había donado a la municipalidad de Bérgamo, que la había aceptado con agradecimiento. Dejó la vecindad lo más discretamente posible, y se sintió genuinamente aliviado cuando sus negocios lo condujeron a Roma, donde esperaba que su identidad y la del famoso cuadro pudieran perderse de vista.

“Pero cargaba en su espalda el peso del genio del difunto. Al aparecer un día en el humeante corredor de un baño de vapor, fue enseguida obligado a ponerse sus ropas por el propietario, que era un italiano del norte, que rehusó enfáticamente permitir que la celebrada Caída de Ícaro fuera exhibida en público sin el permiso de la municipalidad de Bérgamo. El interés público y la vigilancia oficial aumentaron cuando la cuestión fue más ampliamente conocida, y Deplis no pudo tomar un simple baño en el mar o en un río en las tardes más tórridas, a menos que se cubriera hasta la clavícula con un amplio traje de baño. Más adelante, las autoridades de Bérgamo concibieron la idea de que el agua salada podía ser perjudicial para la obra de arte y se obtuvo un perpetuo interdicto que impedía al atormentado viajante comercial bañarse en el mar en ninguna circunstancia. Se sintió fervientemente agradecido cuando la firma que lo empleaba lo destinó a una nueva rama de actividades en la vecindad de Bordeaux. Su agradecimiento, sin embargo, cesó abruptamente en la frontera franco-italiana. Un imponente despliegue de fuerzas oficiales impidió su partida, y se le recordó severamente que una estricta ley prohibía la exportación de obras de arte italianas.

“Una reunión diplomática entre los gobiernos italiano y luxemburgués siguió a continuación, y en un momento la situación europea se ensombreció con la posibilidad de problemas. Pero el gobierno italiano se mantuvo firme; declinó ocuparse en absoluto de las peripecias o aun de la existencia de Henri Deplis, viajante de comercio, pero permaneció inconmovible en su decisión de que la Caída de Ícaro (obra del difunto Pincini, Andreas), actualmente propiedad de la municipalidad de Bérgamo, no debía abandonar el país.

“La excitación decayó con el tiempo, pero el desgraciado Deplis, que estaba constitucionalmente en condiciones de retirarse, se encontró unos meses más tarde otra vez en el centro mismo de una furiosa controversia. Cierto experto en arte de nacionalidad alemana, que había obtenido de la municipalidad de Bérgamo el permiso para inspeccionar la famosa obra maestra, declaró que era un Pincini falso, probablemente la obra de un discípulo que había empleado en los años de su decadencia. La declaración de Deplis sobre el asunto carecía obviamente de valor, puesto que había estado bajo la influencia de los habituales narcóticos durante el largo proceso de punzar el diseño. El editor de una revista italiana de arte refutó las opiniones del experto alemán y se propuso demostrar que su vida privada no se adecuaba a ningún criterio moderno de decencia. La totalidad de Italia y Alemania se trenzaron en la disputa, hubo escenas borrascosas en el Parlamento español, y la Universidad de Copenhague otorgó una medalla de oro al experto alemán (enviando después una comisión para examinar sus pruebas in situ), mientras que dos escolares polacos en París se suicidaron para mostrar lo que ellos pensaban del asunto.

“Entretanto, al desagraciado portador humano no le iba mejor que antes, y no es sorprendente que cayera en las filas de los anarquistas italianos. Cuatro veces por lo menos fue escoltado hasta la frontera como un peligroso e indeseable extranjero, pero era siempre traído de vuelta como La caída de Ícaro (atribuido a Pincini, Andreas, principios del siglo XX). Y luego, un día, en un congreso anarquista de Génova, un compañero trabajador, en el calor del debate, derramó una ampolla de líquido corrosivo en su espalda. La camisa roja que usaba mitigó los efectos, pero el Ícaro quedó arruinado al punto de ser irreconocible. Su atacante fue severamente reconvenido por atacar a un camarada anarquista y fue condenado a siete años de prisión por destruir un tesoro de arte nacional. Tan pronto como pudo abandonar el hospital, Henri Deplis fue obligado a cruzar la frontera como un extranjero indeseable.

“En las calles más tranquilas de París, especialmente en la vecindad del Ministerio de Bellas Artes, se puede encontrar a veces un hombre deprimido y ansioso, a quien si se le pregunta la hora, responderá con un acento ligeramente luxemburgués. Abriga la ilusión de que es uno de los brazos perdidos de la Venus de Milo, y espera persuadir al gobierno francés para que lo compre. Sobre toda otra cuestión creo que está tolerablemente cuerdo.”

FIN

“Mariposas” de Samanta Schweblin

En el día de hoy les traigo un texto brevísimo pero muy fértil: “Mariposas”. Un cuento cargado de simbolismo y fuente de intensas sensaciones.

Más abajo, en esta entrada, les dejo algunos datos más de su autora.

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Schweblin no es una autora canónica, sin embargo, sus relatos son muy fecundos. El tono trágico, atravesado por lo extraño, lo siniestro, y a la vez cotidiano, es un sello que caracteriza a esta autora por momentos semejante a Horacio Quiroga e incluso a Abelardo Castillo.

En el relato “Mariposas”, como en casi todos los relatos de la autora, Samanta toma un hecho cotidiano e introduce un símbolo de una manera que linda con lo fantástico. En realidad, a simple vista, puede decirse que este cuento pertenece a ese género, pero estaríamos cayendo en un reduccionismo. Schweblin tiene eso. Sus relatos pueden ser fantásticos, realistas, alegóricos y rupturistas al mismo tiempo.

Lo “anormal” se desprende de lo cotidiano. Y eso anormal, para Samanta, es aquello que queda afuera de lo que la sociedad etiqueta como común y corriente.

Otra característica propia de esta escritora, que con sutileza emplea el idioma, es el trabajo con las sensaciones, que lejos de quedar afuera en sus relatos, son neurálgicos.

Sus libros son muy recomendables, especialmente Pájaros en la boca y Siete casas vacías, para conocer a esta gran escritora contemporánea.

Les dejo por aquí el link en donde está alojado este relato (todavía no conozco mucho del tema del copyright así que prefiero no subir nada ajeno por ahora) y espero sus opiniones y lecturas para poder enriquecernos mutuamente.

“Mariposas” de Samanta Schweblin

Samanta Schweblin es argentina. Nació en Buenos Aires en 1978. Se egresó de la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Recibió el premio Fondo Nacional de las Artes (2001), el primer premio en el Concurso Nacional Haroldo Conti, el Premio Casas De Las Américas (2008) y el Premio Juan Rulfo (2012), entre otros.

Sus libros son: El núcleo del disturbio (2002), Distancia de rescate (2014), Siete casas vacías (2015) y Pájaros en la boca (2009) en el cual se encuentra el relato antes mencionado: “Mariposas”.

Enzo Ippólito de El corpus de la web.

Presentación del blog

¡Hola! Y bienvenidos a El corpus de la web.

Brevemente quisieramos explicar el origen, el porqué y el para qué de este espacio.

Si bien la noción de corpus abarca desde la lingüística, pasando por la literatura, la historia y la religión, hasta llegar al derecho y la informática, en este blog la tomaremos con relación a una de sus nociones básicas como la de cuerpo textual.

Sin embargo, no nos centraremos en lo textual como lo escrito, sino, más bien, ampliaremos el concepto a textualidades, dentro de las cuales podremos incluir propiamente los textos literarios, textos audiovisuales, o sólo audibles y visuales, por separado.

Es decir, (y esperamos poder ser bien claros) que se incluirán en este blog entradas sobre la literatura que está conformando el corpus de la web (textos consagrados y nuevos), el cine (películas, cortometrajes, series), la música (manifestaciones artísticas potables de la actualidad) y todo lo que vaya surgiendo, también, desde cada lector de este espacio.

El objetivo principal es el de lograr un corpus amplio que pueda servirnos como fuente de consulta. Por eso esperamos realmente el aporte de ustedes, porque más que enseñar, nuestro objetivo en esto es aprender.

Otros objetivos intrínsecos al primero es el de lograr un corpus escolar actual, ya que muchas veces los docentes nos encontramos solos y perdidos a la hora de localizar nuevas manifestaciones literarias para las aulas.

Y por otro lado, el del armado del corpus como método para organizar nuestro tiempo, ya que es imposible leer todo, ver todas las series, ver todas las películas, y por eso en este recorte que podemos realizar comunitariamente vamos a obtener una herramienta para poder elegir y descartar nuestras lecturas.

No vamos a dejar de lado lo clásico (aunque en sí mismo es algo inabarcable y también, lamentablemente, necesita un recorte) pero vamos a tratar de sumergirnos en aquellas expresiones artísticas que a veces están más bien ocultas y que pueden llegar a interesarnos o servirnos.

En fin, el disfrute y el goce estético son los pilares de lo que se vaya a escribir en estas páginas, así que todos los que quieran compartir eso serán bienvenidos.

¡Un saludo!

Enzo Ippólito de El corpus de la web.